EL HOMBRE QUE
SÓLO TUS OJOS VEÍAN
A veces,
cuando crees haber esquivado otra bala, llega la vida y te dispara por la
espalda, a traición, su tiro más cobarde, rastrero y cruel…y te quedas solo,
llorando el cuerpo que tanto has amado desde el inicio de tu existencia.
Atravesando tu duelo más terrible, aquel para el nunca has estado preparado
para afrontar, y te quedan sólo recuerdos que acompañas con lágrimas para
alimentar, inconscientemente, más tu pena.
Tus días
continúan, y te aferras a la negación de la nueva realidad a la que te
enfrentas, intentando fortalecer la parte más vulnerable de ti que ha quedado
al descubierto, esa fragilidad que sólo tú conocías, y ahora muestras al quedar
desprotegido de tu propia coraza. Pero lo terrible no es el devenir de los días,
y sí lo es el infierno de sus noches: la tortura minuciosa de cada minuto
prolongado hasta convertirse en hora.
Admito haber
perdido la fe en esta vida, y ahora buscarla para proteger al maravilloso ser
que falta en la rutina del tiempo que me queda.
Admito que me
estoy convirtiendo en el diablo de mi paraíso al despreciar el hecho de
continuar viviendo sin la parte que justificaba mi existencia. No sé ser nada
sin ella.
No quiero
ofrecerme falsas promesas que, ahora mismo, no puedo cumplir. No puedo
continuar engañándome más. Pero debo luchar por mantener con vida el legado de
tu memoria el mayor tiempo posible, por demostrarle al mundo que soy el hombre
que sólo tus ojos veían.
Autor: José Sánchez Llamas.

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