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miércoles, 19 de mayo de 2021

CUENTO DE UN ATARDECER

 

CUENTO DE UN ATARDECER

Dejadme que os cuente una historia. La de una niña que nació en una familia humilde. Era la menor de tres hermanos, y aunque fue a la escuela, pronto las necesidades familiares hicieron que tuviera que dejar los estudios para ponerse a trabajar limpiando el horno de una panadería.

En aquella juventud marcada por la pobreza, ella fue forjando su carácter, y la vida la hizo valiente y traviesa, capaz de pelearse y ganar a otros niños que la superaban en fuerza, pero no en coraje.

Una navidad, en la misa del gallo, conoció a un chico, tres años mayor que ella, que no dejaba de mirarla, en un primer intento de acercarse a ella fue rechazado, pero no se dio por vencido y siguió intentando conquistarla hasta que, finalmente, consiguió llevarse el corazón de aquella joven.

Tras diez años de noviazgo, se casaron y siete años después tuvieron un hijo, pero aquella época no sería sencilla, pues el niño vino al mundo con la cadera rota y tenía que llevar un aparato en las piernas, para solucionar el problema de la cadera. El niño no podía dormir en la cuna porque le hacía daño el aparato que llevaba, y su madre tenía que dormir con él en una mecedora durante un año para que se le corrigiese el problema de cadera. Pero eso no fue todo… a su marido le habían detectado un tumor cerebral en etapa avanzada y tenían que operarlo. Cuando faltaban quince días para que su hijo cumpliera su primer año de edad su padre falleció, y su madre sacó el coraje suficiente para cumplir una doble labor: la de madre y padre.

Aquella niña, ahora mujer, jamás logró recuperarse de aquel temprano mazazo que le había asestado la vida, y durante los años siguientes caería en una cruel depresión, pero aquello no le impidió trabajar fregando suelos para que a su hijo no le faltase de nada.

Posteriormente, la vida volvería a dejar su marca, arrebatándole, en el periodo de un mes y medio, a su hermana y su madre, lo cual sería el empujón definitivo para agravar su depresión y transformar, así, aquella enfermedad en algo peor como es la esquizofrenia paranoide.

Ella nunca estuvo sola, y siguió luchando, siempre, por sacar a su hijo adelante, le dio algo de lo que siempre se enorgullecía, a la vez que recordaba, el elevado coste que le había supuesto el hecho de que su hijo obtuviese una carrera universitaria.

La nueva enfermedad, hizo que para mucha gente le causase rechazo, y no supieran entender y aceptar su nuevo estado. Su hijo, entonces, se propuso tomar su relevo y cuidar de ella para que nunca le faltase nada. Él había heredado el carácter valiente de ella que lo hizo enfrentarse contra todo y contra todos por ella, sólo por mantener intacto lo que ella representaba para él. Había sido, sin duda, la mujer que había marcado su vida, la única persona capaz de acariciar su alma y calmar toda la rabia e impotencia que este sentía ante el incompresible rechazo social, que su madre causaba a gente que ni si quiera la conocían, pero simplemente, se dedicaban a etiquetarla negativamente por su enfermedad.

Mientras su hijo trabajaba, ella había ingresado en un centro de día, especializado en enfermedades mentales, y consiguió ser feliz allí, relacionándose con sus nuevos compañeros que no tardaron en acogerla como una madre para muchos de ellos y una gran amiga para otros.

Aquel joven niño frágil, ahora se había transformado en un hombre con la fuerza necesaria para no temer nada, ella se había convertido en la razón de su existencia porque, sólo ella, con una simple sonrisa hacía que olvidase un mal día en el trabajo, porque ella siempre era extremadamente cariñosa y bondadosa con todo el mundo. En ella no había maldad alguna. Siempre tenía reservado el mejor de los besos que una madre podía dar a su hijo.

Tras años conviviendo con la enfermedad, un día ella tuvo una crisis fatal que hizo que estuviera hospitalizada treinta y cinco días. Finalmente obtuvo el alta, y cuando todos creíamos que habíamos esquivado otra bala, llegó el destino y, a traición, arrebató la vida de aquella mujer luchadora que había logrado convertirse en una madre coraje, y dos días después de recibir el alta médica falleció…

A fecha de hoy, sigo recordándola todos los días, porque yo era aquel niño que nació con la cadera rota, y la niña que creció y se pasó la vida luchando por mí, era mi madre.


Autor: José Sánchez Llamas.

 

 

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