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viernes, 12 de junio de 2015

FUGITIVOS DE LA INOCENCIA PERDIDA

FUGITIVOS DE LA INOCENCIA PERDIDA

Fugitivos de la inocencia perdida nos entregamos
al pecado capital más carnal y humano,
y en manos de nuestra lujuria olvidamos nuestra ropa
colgada del reloj en el que el tiempo guarda sus horas.
Atrapados en esta sinestesia de deseo
liberamos de su cautiverio nuestra fantasía
más recóndita, elaborada y precisa,
siendo dos marionetas que juegan descubrirse
en manos el uno del otro.
Y nos dejamos llevar...
Dejé que mi aliento fuese una caricia de arena caliente
sobre el desierto de tu espalda desnuda,
mientras mis dedos se deslizaban por tu cuerpo
como una puesta de sol en el horizonte.
Quise memorizarte, así,
temblorosa, receptiva y caliente...
Mis labios aterrizaron sobre tu boca
en un éxtasis de besos, saliva y locura,
mordiendo mis labios comprendí tu juego,
y jugamos...
Sin más prisa que más sumisa de las leyes
al recreo travieso de sentirnos en cada latido,
en cada respiración, gemido, suspiro y silencio,
en cada mirada, gesto, caricia y pausa.
Desnudos ante el mundo del otro contemplamos
la perfecta belleza natural que nos cubría,
y nos hacía tan irresistibles, vulnerables y frágiles
ante el instinto de nuestro voraz apetito.
Así, fuimos devorando cada uno de los sentidos
hasta saciar su sed, desgastando nuestro tacto
sobre nuestra piel de tanto frotarnos,
en un escurridizo y sudoroso deleite de nuestro ser.
Sin tregua a la imaginación volvimos a tachar de nuestra lista
la siguiente fantasía de una inagotable lista prohibida
que guardamos en el secreto de nuestro silencio
hasta quedar exhaustos de placer y gozo,
sin fuerzas para continuar, pero con las ganas de repetir
nuestro próximo encuentro.


Autor: José Sánchez Llamas.

1 comentario:

  1. Dejé que mi aliento fuese una caricia de arena caliente
    sobre el desierto de tu espalda desnuda,
    mientras mis dedos se deslizaban por tu cuerpo
    como una puesta de sol en el horizonte.

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